“Todos tenemos sueños, pero para que éstos se conviertan en realidad, hace falta una gran cantidad de determinación, dedicación, autodisciplina y esfuerzo”.

Jesse Owens

Muchas personas desean ardientemente un cambio en sus vidas, ya sea por haber finalizado su matrimonio o relación de pareja,  por querer cambiar de empleo,  por haber crecido en un ambiente dónde no  las valoraron, por estar en una situación de discapacidad, por tener que enfrentar un duelo (esperado o inesperado) de alguien muy querido. En síntesis, son múltiples los factores que llevan a todos los seres humanos a cuestionarse su existencia por esta vida.

Y es entonces, que esas personas buscan algún tipo de ayuda para salirse de esa posición de víctima que suelen ocupar hasta que eso que les afecta adquiera un lugar menos preponderante en sus vidas o sencillamente deje de existir.

Lo cierto es que, en esas complejas situaciones, y siendo aún el humano el animal más complejo de todos, la búsqueda de la sanación y/o  solución “expresándolo literalmente desde muchas y diversas bocas” como nos llegan a diario en cada consulta, viene desde una demanda de la inmediatez que incita a obtener una fórmula mágica al alcance de su mano. Como si fuésemos hadas que con un agite de una varita mágica ya realizáramos todos sus sueños y deseos más anhelados.

Pues, lamento decirles estimados/as lectores que las fórmulas mágicas No Existen, pero sí existen investigaciones científicas, y holísticas como de las que nos hemos nutrido para generar cursos de desarrollo personal partiendo de las bases más empíricas posibles, como lo son, desde la aplicación de cada herramienta y estrategia implementada a través de un proceso llevado acabo con nuestra propia experiencia. Dicho de otro modo, aplicado a nuestras vidas con un rotundo éxito.

¿Cómo fue posible comenzar a escribir artículos, cursos y generar sesiones de coaching en el marco del desarrollo personal  y los más  distintos ámbitos empresariales?

La respuesta a dicha interrogante es sencilla.

El primer paso fue comenzar a leer muchísimos libros de autoayuda  y demás temas que influyesen en los ámbitos que solemos movernos (familia, trabajo, amigos, entre otros). Muchas personas objetan diciendo que “un libro no se pondrá en mis zapatos a la hora de actuar”. Dicho de otro modo, se tenderá a juzgar al libro por un simple título en la carátula. Yo misma debo decirles que solía juzgarlos antes de leerlos, y más aún lo hacía con los titulares de las películas.

Pero les diré  que cuando logré enfrentar esa vieja creencia de juzgar y/o presuponer antes de conocer de qué trata, pude encontrarme con libros que son una maravilla, o mejor aun, que quién lo ha escrito tuvo la experiencia exacta de plasmar acciones, actitudes y pensamientos que todos solemos atravesar a lo largo de nuestra vida.

Internamente, por ejemplo, ante el libro Los secretos de la mente millonaria podrían decir algo así: “Un libro que se titula ‘Los secretos de una mente Millonaria’ no puede tomarse en serio”. ¿Cómo un libro puede tener la receta para hacernos millonarios?. Por ende, ¿qué acabamos de hacer? Pues, acabamos de juzgar al título del libro y todo su contenido sin siquiera habernos tomado el tiempo de saber realmente de qué trata, y en qué puede aportarnos ¿verdad?

Como verán, en nuestra mente rondan las creencias, creencias que sin duda alguna nos fueron inculcadas y las reproducimos de modo tan automático que no nos damos cuenta de su accionar en moldear nuestras actitudes y acciones frente a algo o a alguien.

Cuando comencé a aprender en libros como éste que acabo de mencionarles, pude abrirme al conocimiento sin juzgar, pero sí cuestionando cada información aprendida, ya que creo firmemente en que no todos los libros, ni todas las informaciones que nos llegan, son dueñas de una verdad irrefutable. Por tanto, lo relevante acá es cuestionar de manera constructiva, pensando en qué aporte posee el libro que escogimos para nuestro desarrollo. Si juzgamos sin al menos darle una oportunidad  a esa información que nos llega, o sencillamente si juzgamos porque otras personas así lo hicieron, no estamos dándonos la oportunidad de cuestionar, aprender y aplicar de manera crítico reflexiva esa información u herramienta estratégica que tanto esperábamos obtener, pero que por estar en rol de juez/a o estar en posición de seguir a otros/as nos lo hemos perdido. Créanme, el libro que les mencioné, lejos está de hablar solamente de dinero, ya que el mismo trata sobre hábitos y creencias que nos limitan y muchos otros temas que me sorprendieron cuando los leí.

Defiendo la creencia de que las oportunidades se nos presentan ante nuestros ojos pero permanecemos tan ciegos/as mediante presuposiciones y juicios de valor ante todo que lo dejamos pasar así sin más, así como una sencilla carátula de un libro.

Por otro lado, en esta creencia simple y tan inoportuna como la de “un libro no tiene nada que enseñarme”, frente a esas situaciones mencionadas al inicio, debo decirles que muchos de los libros son escritos con la finalidad de llevar luz y herramientas partiendo de la experiencia propia del/la escritor/a, por ende lo que ustedes viven, sus situaciones no son exclusivas en el mundo, otro/a puede haber encontrado su propio éxito y fervientemente quiera compartirlo con todos/as  su experiencia vivencial.

A esto se le agrega una vieja creencia. Si el autor desea ayudar, si eso que escribe es tan bueno para los demás y lleva luz a las personas:

¿Por qué el/la autor/a vende los libros o los cursos en cuestión?”

Sencillamente porque vivimos en un sistema capitalista en el cual para comer, pagar cuentas y mantener un nivel de vida cubriendo todas esas necesidades básicas del ser humano,  se requiere invertir tiempo por dinero. Esa es la sencilla ecuación capitalista. Lo que no significa que vivir de esto sea una estafa. Puede ser un empleo más, como cualquier otro.

El escribir demanda tiempo, demanda energía creativa. El crear cursos  exige pensar mucho más, es aplicar teoría con práctica vivencial, es sostener a personas que sencillamente se les desborda el mundo. Y uno/a, tiene que estar preparado/a para sacar adelante a esas personas.

Acá viene el segundo nivel, que nos implica crecer educativa y empíricamente, que este nivel requiere nada más y nada menos que una instrucción teórica y práctica de aprendizajes vivenciales. Y para ello es necesario realizar cursos de esta índole.  Cursos que nos habiliten a hablar con contenido porque antes se probó cada herramienta, cada estrategia. Y más que probarla, se aplicó una por una sanando cada ámbito conflictivo, emocional e inconsciente que radica en nosotros mismos. Porque claramente para nuestra filosofía humana primero hay que sanarse a uno/a mismo/a para poder sanar al/la otro/a ¿verdad? Cuestión  que para mí está muy alejada de la realidad, ya que en primer lugar significa que para sanar a otros debemos “ser perfectos”, rasgo del que carecemos por naturaleza. Pues la perfección es intrínseca de la condición humana. Entonces, ¿por qué exigimos tanto de un libro, un curso, un coach, de otros e inclusive de nosotros mismos?

Por otra parte, y ésta es la versión de la realidad que creo fervientemente junto a mi pareja luego de un debate analítico del porqué solemos pensar lo contrario, en el proceso de sanación a otros nos sanamos a nosotros mismos. Pues no necesitamos “ser perfectos” ni dar la nota excelente frente a todos/as, ya que abordando problemáticas de otros/as podemos hacer conscientes nuestras fallas, nuestras carencias y formas de acción frente a similares situaciones, y es justo ahí, donde radica nuestra primera sanación: “hacerlo consciente”. Consecuentemente esto nos permitirá aceptarlo y luego ir por un tratamiento acorde.

Aquí abro un paréntesis para decirles que antes solía pensar, como quizás lo hacen muchas personas, en qué para sanar a otros debía saber de todo, estar muy preparada al respecto. Algunos autores lo llaman “el síndrome del impostor”, que implica no sentirse con autoridad para abordar un determinado tema. Lo cual realmente no es así. No tenemos por qué saber todas las disciplinas para ayudar a otro/a, y en esto radica la complementariedad con otros/as profesionales. Tal como dice Neale Donald Walsch en su libro Conversaciones con Dios:

“Enseñas lo que tienes que aprender. No es necesario haber logrado la perfección para hablar sobre ésta. No es necesario haber logrado la maestría para hablar de ella. No es necesario haber alcanzado el nivel más alto de evolución para hablar sobre ésta. Solo trata de ser genuino”.

La interdisciplinariedad para mí es la base de abordar cada parte del todo, entendiendo que el todo es mucho más que la suma de las partes. Sin embargo contar con la interdisciplinariedad habilita a un acercamiento eficaz frente a la realidad que hay que abordar.

Cada persona de este mundo debería si o si pasar por un tratamiento terapéutico y aquí no hablo solamente de ir en la búsqueda de un psicólogo/a, ya que existen múltiples disciplinas complementarias que logran hacer consciente lo inconsciente y así moldear comportamientos y/o conductas limitantes, entre otras situaciones.

“Todos/as actuamos y somos de determinada manera por algo, nada es casual en nuestra existencia”

Hay que abrirse a conocer nuestro interior para lograr profundas transformaciones en el Ahora, que es el tiempo que realmente importa. Puesto que es el único momento en el cual tenemos la injerencia de nuestra acción.

Con todo esto quiero decir que si en verdad deseas un cambio en tu vida, los libros son de mucha ayuda para motivarte a crear tu propio destino.  En este ámbito de la literatura podría citarte una infinidad de libros que provienen incluso desde antes de cristo. Y aquí no quiero aludir de manera alguna a la religión. En el artículo 10 libros que no puedes dejar de leer ya mencionábamos varias obras que impactarán en tu vida de forma muy positiva.

En la actualidad, estamos en la era de la información, la era digital, que nos permite acceder a cualquier tipo de contenidos de forma instantánea como lo hacen las redes sociales. Por tanto podemos instruirnos desde la comodidad de nuestra casa con tan solo dar un clic. Lo mismo podemos hacer con participar en cursos de modo online y muchas veces gratuitos.

Ahora,  sabemos que podemos acceder a lo que sea de insumo necesario para nosotros. Pero déjenme volver a reiterar algo que me parece sumamente necesario aclarar y que he visto muchas veces rondando vulgarmente por las redes sociales, y hace que muchas veces nos paremos en el rol de jueces sentenciando sin saber el contenido o estudio del contenido:

Todos/as los/as que se dedican a vender libros y cursos de autoayuda y demás son unos chantas.

Pues, si alguno/a de nosotros tuvo una mala experiencia con alguna empresa que se dedica a estos temas, o leyó un libro específico que no cumplió los requisitos propuestos, entre otras situaciones, no significa de modo alguno que todos vayan por la misma línea, ni propongan la misma estrategia. Por tanto, algo que debemos concientizar es lo siguiente:

“Si no pasaste por esa experiencia, no leíste y no lo aplicaste en ti, no tienes el don de hablar negativamente de manera generalizada sobre la empresa, el libro, o tema en cuestión.”

Y otro tema muy pero muy relevante es el siguiente:

Todo cambio, conflicto y/o problema no contiene una fórmula mágica de solución o sanación. Se requiere un proceso que llevará el tiempo que sea necesario llevar, siempre y cuando la persona esté dispuesta a pagar el precio. Y con esto no estoy hablando de dinero, sino de esfuerzo.

El esfuerzo que uno hace por salir adelante, se equipara a ese precio, porque va a requerir mucha perseverancia, mucha energía puesta en una atención consciente a todo lo que sucede en su entorno y manera de actuar, pensar y sentir. Y todo esto requiere de una disciplina que antes que nada proviene de la motivación y el deseo ardiente de creer y querer ese cambio y/o transformación en su vida.

Por tanto, los libros, los cursos y demás cosas con que nos nutramos son un complemento necesario para nuestro desarrollo personal, pero lo más importante radica en nuestra fuerza de voluntad para querer hacerlo. En otras palabras todo depende de nosotros, Todo depende de uno/a mismo/a. Depende del compromiso que estamos dispuestos a soportar para lograr lo que deseamos.

Fórmulas mágicas no funcionan porque sencillamente no solventan ni sostienen ese cambio por mucho tiempo. En cambio, si todo depende de uno/a mismo/a, el cambio puede ser permanente y evolutivo”

“Dejar de ser víctimas de la situación para pasar a ser constructores y promotores de lo que deseamos es el lema. Solo dejando de culpar a factores externos, y tomar las riendas de nuestro propio camino damos el paso a la transformación”.

En este camino del desarrollo personal  no hay promesas, por tanto no te hagas expectativas sin esfuerzos. Si tienes que llorar, pues llora, si tienes que desapegarte de algo o alguien pues hazlo. Aquí no se reprimirá ninguna emoción, pero sí se trabajará la percepción que tienes de todas las cosas y la raíz de las mismas. Partiendo de la base de que es nuestra propia mente la que nos limita (eliminando, distorsionando y generalizando todos los sucesos) habiendo  muchas cosas que subyacen dentro de ella.

Si hay disposición al cambio, tiene que haber disposición a pagar el precio, sino no habrá empoderamiento, por lo que se continuará permaneciendo en el lugar de víctimas.

Siempre estamos eligiendo.

¡Ahora, ustedes eligen!

The following two tabs change content below.
Soy Trabajadora Social y Practitioner en PNL, especializándome en sacar lo mejor de los demás. Conociendo contextos y situaciones muy difíciles he desarrollado la capacidad de generar herramientas para potenciarte, y eso es justamente lo que quiero compartir contigo en este blog. Además soy Analista en Marketing, lo cual me ayuda a brindarte alto impacto en el contenido.

Latest posts by Lorena Cuello (see all)